Hace mucho tiempo que tengo este sueño, desde los quince o así, cuando leí " De parte de la princesa muerta", un libro basado en una historia real y escrito por la peridista Kenizé Mourad, especializada en Oriente Próximo e hija de la sultana turca Selma, la protagonista de esta historia. El relato comienza, en 1.918, en Estambul, capital del Imperio otomano.
Desde la primera página, a través del relato de la autora y de mi imaginación, me encariñé con la histórica Constantinopla y con su protagonista, una mujer que lucha por su emancipación hasta conseguir ser dueña de ella misma.
Leyendo este libro, pude revivir el ambiente de esta ciudad, incluso percibir sus olores y colores. Pude soñar que recorría la Bizancio de los griegos, desde el palacio Topkapi (aquí, me entretuve un poco más con todos los misterios del harén.) que domina el Bósforo (recomiendo un recorrido al caer el sol), hasta las murallas de Teodosio.
El término de Bósforo significa en griego "vaguada del buey", y deriva del mito de la doncella Ío, que atravesó a nado el estrecho tras haber sido transformada en ternera. ¿Verdad que es curioso?.
Os emplazo a que visitéis el blog de Calpe fotos (enlace en "Amigos") para ver algunas imágenes de la ciudad. De hecho, han sido estas fotos las que me han llevado a escribir estas líneas.
Os preguntaréis por qué se me ha ocurrido empezar mi texto hablando de amor y arte, pero es que no lo puedo evitar. Me pasa, en contadas ocasiones, cuando veo algo que no conozco y no puedo dejar de sorprenderme. Esto es lo que me ha ocurrido con la obra del fotógrafo Chema Madoz, ganador del premio nacional de fotografía del año 2000, pero un desconocido para mí hasta hace relativamente poco tiempo.